La historia

¿Mujeres colaboradoras dentro de China durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa?


Hay varios informes de mujeres colaboradoras en Europa durante la ocupación nazi. Me pregunto si hay algún informe de que esto ocurra en China, y ¿qué pasó posiblemente con estas mujeres después de la guerra?


¿Mujeres colaboradoras dentro de China durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa? - Historia

La Segunda Guerra Sino-Japonesa comenzó el 7 de julio de 1937 y terminó el 9 de septiembre de 1945 después de que Japón se rindiera a China y las fuerzas aliadas. Esta guerra se inició a partir de un conflicto entre las tropas chinas y japonesas por el control de China continental. La Segunda Guerra Sino-Japonesa fue la mayor guerra asiática del siglo XX y contribuyó a más del 50 por ciento de las bajas en la Guerra del Pacífico. Esta guerra se fusionó con la Segunda Guerra Mundial, después de que Japón atacara Pearl Harbor en 1941. Además de eso, la guerra jugó un papel importante en la última derrota comunista de las tropas nacionalistas en 1949.

Origen

El origen de la Segunda Guerra Sino-Japonesa se remonta a la Primera Guerra Sino-Japonesa que duró de 1894 a 1895. Después del final de la Primera Guerra Sino-Japonesa que hizo de Corea una parte de Japón, Japón llevó a sus tropas a lo largo de un ferrocarril de Manchuria a los puertos comerciales de Corea. Este ferrocarril se utilizó para transportar materias primas y otros productos terminados a los muelles coreanos para enviarlos a Japón. Las tropas japonesas controlaban este ferrocarril y querían más recursos gratuitos de Manchuria. Por lo tanto, los japoneses comenzaron a atacar a las tropas chinas y lograron hacerse con el control de Manchuria. Aunque los chinos tenían recursos insuficientes, lograron contraatacar, especialmente después de recibir ayuda económica de la Unión Soviética y los EE. UU.

Brote

El líder de las fuerzas del gobierno nacionalista, Chiang Kai-Shek, fue secuestrado en 1936 por Chang Hsueh-liang, comandante de las fuerzas comunistas. Chiang se vio obligado a aceptar tener un frente común antijaponés como condición para su liberación. Con los dos bandos unidos, pudieron defenderse de los japoneses en Manchuria y el norte de China. Esto resultó en el comienzo de la Segunda Guerra Sino-Japonesa.

Japón y la estrategia # 8217s

Japón tenía como objetivo tomar todas las carreteras, ferrocarriles y ciudades para obtener el control total. A pesar de que las fuerzas japonesas estaban controlando la región costera oriental, la lucha de guerrillas continuó en las áreas conquistadas. El gobierno nacionalista chino se había visto obligado a retirarse a una capital transitoria en Chongqing. Sin embargo, los japoneses no tenían la capacidad ni la intención de controlar directamente toda China. Entonces, establecieron gobiernos amistosos & # 8220 títeres & # 8221 que favorecerían sus intereses. Estos gobiernos no fueron muy populares, especialmente después de que Japón se negó a negociar con el Partido Comunista de China.

China y la estrategia # 8217s

China, por otro lado, no estaba preparada para la guerra. Además, tenía pocas divisiones mecanizadas, carecía de una fuerza industrial militar significativa y no tenía blindaje. China dependía en gran medida de la Liga de Naciones para acudir en su ayuda y ofrecer contramedidas al asalto de Japón. Además, el Kuomintang, o el Partido Nacionalista Chino, se vio envuelto en una lucha interna contra los comunistas. Debido a todas estas desventajas, los chinos se vieron obligados a idear una estrategia destinada a preservar la fuerza de su ejército. Además de eso, las áreas ocupadas continuarían ejerciendo focos de resistencia para molestar a las fuerzas japonesas y hacer que su control de China sea lo más difícil posible.

Ayuda exterior para China

Después de que los japoneses abandonaron la Sociedad de Naciones en 1933, practicaron una política exterior agresiva cuyo objetivo era crear la Esfera de Co-prosperidad del Gran Asia Oriental. Esto ofrecía una seria amenaza a las influencias e intereses económicos de las potencias europeas y de Estados Unidos en Asia. Cuando estalló la Segunda Guerra Sino-Japonesa, el gobierno de Estados Unidos impuso sanciones económicas a los japoneses. Japón recurrió a las potencias del Eje y firmó el Pacto Tripartito con Italia y Alemania en 1940. Japón logró ocupar la Indochina francesa a mediados de 1941, pero Estados Unidos siguió evitando cualquier enfrentamiento directo. Sin embargo, los objetivos imperiales de Japón en el Pacífico llevaron a una colisión prematura con EE. UU. Estados Unidos respondió imponiendo una prohibición del petróleo que sofocaría la economía de Japón. Por esta razón, Japón diseñó una estrategia sobre cómo sacar a los EE. UU. De la región del Pacífico para controlar todo el sudeste asiático.

Cuando los japoneses bombardearon Pearl Harbor, Estados Unidos y China declararon la guerra contra Japón. Esto fusionó la segunda guerra chino-japonesa en la Segunda Guerra Mundial. China también declaró la guerra a Italia y Alemania. Ocho horas después del bombardeo, Japón atacó Hong Kong y destruyó las fuerzas aliadas y los aviones # 8217. Gran Bretaña y EE. UU. Ofrecieron apoyo financiero a China y establecieron bases aéreas militares en el continente. Este apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos alivió a China y obligó a Japón a desviar tropas a otros lugares. No obstante, la fuerza militar de China continuó empeorando hasta abril de 1945. Los japoneses parecían imparables, especialmente después de hundir los dos buques de guerra más grandes de Gran Bretaña en Singapur durante un ataque aéreo el 10 de diciembre de 1941.

Japón & # 8217s Rendición

Con la ayuda de los aliados occidentales, China logró lanzar una ofensiva exitosa el 14 de agosto de 1945 en Zhijiang. Este fue un gran golpe para los japoneses que habían estado obteniendo victorias consistentes. Estados Unidos lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Tres días después, la Unión Soviética atacó a los japoneses en Manchuria. El 9 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó otra bomba atómica, esta vez sobre Nagasaki. El emperador Hirohito de Japón se rindió oficialmente a los aliados el 15 de agosto de 1945. La Unión Soviética, por otro lado, continuó atacando al ejército de Kwantung (la principal fuerza de combate japonesa) y los destruyó por completo en dos semanas. La rendición oficial de Japón a los aliados se firmó el 2 de septiembre de 1945 a bordo del acorazado USS Missouri.

Ahora que las Fuerzas Aliadas habían ganado la guerra, el general Douglas ordenó a todas las tropas japonesas dentro de China (excepto las de Manchuria), Indochina francesa y Formosa que se rindieran a Chiang Kai-Shek. Las fuerzas japonesas en China se rindieron oficialmente el 9 de septiembre de 1945, lo que marcó el final de la Segunda Guerra Sino-Japonesa y la Segunda Guerra Mundial. Además de eso, Taiwán, Pescadores y Manchuria fueron devueltos a China, según las condiciones de la Declaración de El Cairo.


Hablando en nombre del Estado: las mujeres en la radio y detrás de los altavoces durante la Guerra Fría

Las mujeres tienen una relación complicada con las guerras libradas por el estado-nación. Las mujeres son las reproductoras y responsables de las fronteras de la nación, por lo que se dice que las mujeres, sobre todo cuando encarnan la imagen de la nación, están protegidas por el estado como motivo para ir a la guerra. También se proyectan como víctimas de la guerra cuando el Estado pierde frente a su enemigo, principalmente cuando el enemigo usa la violación como arma para debilitar la moral nacional. En el campo de batalla, las mujeres se utilizan como combatientes, porteadores, cuidadoras, animadores o esclavas sexuales para mejorar la capacidad de lucha en la guerra física o mentalmente. Durante las dos guerras mundiales, en la propaganda estatal, se alentaba a las mujeres a "regalar" a sus maridos e hijos al Estado o se las reclutaba para cubrir las vacantes dejadas por los hombres para trabajar en los sectores de manufactura, agricultura o transporte. Su cocina casera y ahorrativa se caracterizó por contribuir a los esfuerzos de guerra. Independientemente de cuál de estos roles desempeñen, son instrumentalizados por el estado. Moviliza o monopoliza su labor física, asistencial, emocional o sexual para el esfuerzo bélico. Como se manifiesta en su actuación dentro o fuera del hogar, se refuerza la bifurcación entre masculinidad y feminidad.

Las voces de las mujeres, que expresan un tipo específico de emoción legitimada por el estado, también se movilizan como recursos políticos. Esto se refleja en el discurso de Madame Chiang Song Mei-ling transmitido en Nueva York el 8 de enero de 1950: "Espero que donde quiera que lleve mi voz, a cualquier rincón del mundo libre, Puedo ayudar a que los pueblos amantes de la libertad se den cuenta de que China [es decir, la República de China], abandonada y sola, ahora carga con el único rifle en defensa de la libertad ”(énfasis agregado). Por lo tanto, Song se unió a las filas de mujeres locutoras de radio que sirven en el frente de la guerra psicológica. Junto con Song, Hasegawa Teruko (que trabajó para el Kuomintang. KMT, gobierno durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa), Mildred Elizabeth Gillars, Rita Zucca y Trịnh Thị Ngọ fueron las voces que llevaron las ideologías de sus regímenes durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. a dondequiera que llegaran las ondas de radio.

Cuando las voces de las mujeres, que hablan en nombre del estado masculino, son transmitidas por la radio o los altavoces, la bifurcación entre la masculinidad y la feminidad cosificada por el estado parece disolverse. Cooptado por el estado masculino y promulgando la soberanía del estado, sus voces, ya sean reconfortantes o agresivas, circulan información, difunden desinformación y atraen la deserción entre el enemigo. Su voz también contribuye al adoctrinamiento de sus conciudadanos. Sus voces y los mensajes políticos que llevan, junto con la frontera político-ideológica y la gente detrás de la frontera, construyen un espacio geográfico transgredido por el sonido intangible y móvil y delimitado por ideologías antagónicas. Este espacio acústico es un "paisaje sonoro" sustentado por la animosidad y la orquestación entre la masculinidad y la feminidad.

Montado en la onda de radio móvil y con el objetivo de superar la fijación política, este paisaje sonoro es más evidente en la guerra psicológica librada entre "China libre" (la República de China, República de China) y "China Roja" (la República Popular de China). Desde Kinmen, Dadan y Matzu, la transmisión militar de la República de China de las voces de las mujeres en la radio o por medio de altavoces estaba tan altamente clasificada como otros ejercicios militares, como disparar bombas de propaganda, lanzar globos a gran altitud y enviar contenedores a prueba de agua desde el costas de Kinmen y Matzu. En su totalidad, estas operaciones distribuyeron material de propaganda, incluidas voces de mujeres y sustancias perecederas, para llegar hasta la costa de China o su interior. Entre los materiales entregados por estas operaciones de cruce de fronteras, las voces de las mujeres son el único elemento humano y personal invisible e intangible, sustentando críticamente la rivalidad ideológica, el antagonismo político y el enfrentamiento militar entre las dos partes en conflicto.

No hace falta decir que China también construyó un paisaje sonoro de la misma naturaleza para competir en este espacio acústico invisible por la supremacía. Al otro lado del Estrecho de Taiwán, el paisaje sonoro construido a ambos lados estaba destinado a penetrar y llegar a las personas del lado opuesto. Sin embargo, no todas las personas al alcance de las ondas de radio fueron captadas como oyentes. Cuando se prohibió la propiedad de la radio, cuando el clima interrumpió la recepción, o cuando la transmisión fue obstruida constantemente por cualquiera de los lados, los oyentes previstos se convirtieron en 'no-oyentes' cuya inclusión en este paisaje sonoro estaba a merced de fuerzas naturales y políticas, independientemente de su propia voluntad.

Por lo tanto, si las voces de las mujeres podrían llegar no solo a los oídos de los oyentes previstos, sino también a sus corazones y mentes, es el desafío final de este paisaje sonoro geoideológico. Si bien parece que se han realizado pocas investigaciones para determinar su efectividad, abundan las anécdotas. Uno de estos recuerdos algo nostálgicos que recopilé durante el trabajo de campo fue de un turista chino que visitó el Museo Nacional de la Radio en Minhsiung en 2019. Leyendo ilustraciones en la sala del museo sobre cómo se usó la radio para librar una guerra 'sin humo' durante la Guerra Fría, este Un hombre de mediana edad recordó su perplejidad durante su adolescencia causada por escuchar un programa de radio transmitido desde Taiwán titulado 'La Era de los Tres Principios del Pueblo' (三民主義 的 時代) que profetizaba la caída del comunismo. Por otro lado, a pesar del duro castigo impuesto por el gobierno autoritario del KMT de Taiwán, para algunos continentales, escuchar programas de radio transmitidos clandestinamente desde China pareció aliviar el dolor de añorar el hogar. Sus hijos también parecían sentirse tentados a buscar una conexión con esa tierra remota tan cercana como voces humanas en sus oídos cuando se escondían en la cama y encendían la radio en la noche profunda y oscura.

Si bien se ha estudiado poco cómo respondieron las personas dentro del paisaje sonoro a estas simulaciones acústicas y humanas, también se desconoce en gran medida a quién pertenecían estas voces. Una excepción es Theresa Teng (鄧麗君). Hoy, en Mashan Broadcasting Station, el recorte de cartón de tamaño natural de Teng se encuentra en el estudio donde se reproduce regularmente su transmisión a China. Como todas las demás mujeres que se sentaron en el mismo estudio antes y después de ella, narró un guión que propagaba la rectitud del régimen del KMT, elogiaba la democracia y la prosperidad logradas en Taiwán y denunciaba al Partido Comunista Chino. Sirvió a su nación cuando su voz construyó ese paisaje sonoro geoideológico. Hoy, como un punto culminante del turismo en Kinmen, su voz ahora está confinada en este hueco, serpenteando a través del búnker subterráneo oscuro, húmedo y claustrofóbico.

Teng aparte, se asignó a mujeres militares a hablar detrás del micrófono, así como a mujeres civiles reclutadas en Taiwán y localmente en Kinmen. Se puede encontrar escasa información sobre estos locutores de radio y locutores entre las historias de vida publicadas de los oficiales del Cuerpo de Mujeres del Ejército (WAC) (女 青年 工作 大隊) y un pequeño número de entrevistas con oficiales que se graduaron de la Academia de Guerra Política ( APW) (政治 作戰 學校). "Seriedad, deber, honestidad y gracia" (熱忱, 負責, 誠實, 端莊) es su lema Recuperar el territorio perdido del continente es el último verso del himno de su unidad. En los desfiles militares, los guapos oficiales de la WAC con su blazer azul ceñido al cuerpo y su falda blanca parecían encarnar el valor y la importancia de la gracia. En entrevistas, locutoras civiles recordaron cómo la imagen de estos oficiales uniformados les aseguraba la dignidad de aceptar un trabajo en el ejército entre soldados de base y sus oficiales al mando. Si la calidad femenina de sus voces fue cooptada para servir a los intereses masculinos del estado, entonces se sabe poco acerca de cómo la gracia como valor se 'operacionalizó' cuando los oficiales de WAC y APW, así como los empleados civiles, trabajaron en turnos detrás. los cuarteles dominados por hombres, regimentados y fortificados.

Con el avance de la tecnología invisible del cruce de fronteras en el ciberespacio, la transmisión de voces de mujeres en la radio o los altavoces para construir un paisaje sonoro geoideológico parece disminuir. Estas instalaciones que alguna vez fueron altamente protegidas ahora están fuera de servicio. Algunos de ellos están abiertos al público para el turismo y otros se dejan deteriorar. Si bien estos espacios físicos pueden haber sido 'desmitificados', estamos en una carrera contra el tiempo para escuchar a los dueños de las voces, las mujeres ahora en sus sesenta y más años, sobre cómo percibían su relación con el estado masculino, cómo trabajaban. con sus superiores o subordinados masculinos, y cómo entienden su papel en este paisaje sonoro. También es necesario preservar los guiones que narraron y digitalizar la grabación de sus voces como patrimonio cultural inmaterial que pueda ayudarnos a comprender el lado material de la construcción de este paisaje sonoro geoideológico. Hacer estos esfuerzos contribuirá a reconstruir el rostro humano y cultural del legado persistente de la Guerra Fría.

Isabelle Cheng es profesora titular de Estudios de Desarrollo Internacional y de Asia Oriental en la Escuela de Estudios de Área, Historia, Política y Literatura de la Universidad de Portsmouth. Sus intereses de investigación son el matrimonio y la migración laboral en el este de Asia.

Este artículo se publicó como parte del número especial EATS 2021: Narrando Taiwán. Todos los artículos del número especial se pueden encontrar aquí.


China y la guerra n. ° 039 con Japón

La Segunda Guerra Mundial en China fue el evento más desgarrador en la historia moderna de China. El conflicto a menudo se denomina la Segunda Guerra Sino-Japonesa, y se conoce en China como la Guerra de Resistencia a Japón. Hay argumentos de que el conflicto comenzó con la invasión de Manchuria en 1931, pero entre 1937 y 1945, China y Japón estuvieron en guerra total. Cuando Japón fue finalmente derrotado en 1945, China estaba en el bando ganador, pero yacía devastada, después de haber sufrido unos 15 millones de muertes, la destrucción masiva de la infraestructura industrial y la producción agrícola y la ruptura de la tentativa modernización iniciada por el gobierno nacionalista.

Este grupo de investigación se basó en un concepto basado en la disciplina de la historia, pero con ricas implicaciones para nuestra comprensión de la China de posguerra y contemporánea: que el conflicto de China con Japón a mediados del siglo XX debe ser llevado a la vanguardia de nuestra comprensión de la camino más amplio de la modernidad china, y que hacerlo generará nuevas e importantes perspectivas históricas y políticas, no solo para el mundo académico, sino también para la comprensión pública más amplia de China, una de las principales potencias comerciales y diplomáticas del siglo XXI. .

En la primavera de 2007, Leverhulme Trust otorgó generosamente una importante subvención a este proyecto en el marco de su Programa de premios al liderazgo en investigación. Durante el período 2007-12, un programa de investigación dedicado que involucró a investigadores asociados postdoctorales, estudiantes de doctorado y asistentes de investigación trabajó en publicaciones, trabajo de campo y colaboraciones internacionales, incluidas conferencias y talleres. El programa fue dirigido por Rana Mitter (Profesora de Historia y Política de la China Moderna).

En los últimos años, Oxford se ha convertido rápidamente en uno de los centros más importantes del mundo para el estudio de China. Oxford ha sido beneficiaria de varios premios generosos en los últimos años, incluido un Proyecto de estudios chinos contemporáneos financiado por Leverhulme, un premio financiado por HEFCE para establecer nuevos programas de estudios chinos modernos (2000-05) y la nueva Universidad Interuniversitaria Británica de China. Centre (BICC), realizado conjuntamente entre Oxford, Manchester y Bristol (2006-11).

En 2006, se inició un nuevo Oxford China Centre para coordinar estas iniciativas. Las conexiones de Oxford con China van mucho más allá de estos programas, incluidas las colaboraciones en investigación médica y capacitación para una nueva generación de funcionarios gubernamentales.

Director de programa

Profesora Rana Mitter

Asociados de investigación

Dr. Sherman Lai - Sherman Lai obtuvo su doctorado en Queen's University en Kingston, Canadá (2008). Su tesis doctoral se refiere al crecimiento de la fuerza militar y financiera del Partido Comunista Chino en la provincia de Shandong durante la Guerra Sino-Japonesa (1937-1945). Nacido en la provincia de Shanxi, China, en 1962, obtuvo su licenciatura en historia de la Universidad de Nankai (1984) y la maestría de la Academia China de Ciencias Sociales (1987). Luego se unió al ejército chino, trabajó, en Estudios Militares Extranjeros, en la Academia de Ciencias Militares, como traductor, subeditor y analista de la política de seguridad de Estados Unidos en el Pacífico Occidental (1995-96). También se desempeñó como subcomandante de una compañía de infantería en la guerra de Vietnam en China (1989) y como pacificador de la ONU en el Sáhara Occidental (1991-1992). Se retiró como teniente coronel para emigrar en 1997. Aterrizó en Montreal en enero de 2000, obtuvo su maestría en Estudios de Guerra en el Royal Military College of Canada (2002) y realizó su pasantía en el Centro Internacional de Mantenimiento de la Paz Lester B. Pearson (2002). . Tiene numerosas publicaciones en chino sobre militares e historia.

Dra. Helen Schneider - La Dra. Helen Schneider, oriunda de Washington, DC, recibió su licenciatura de Swarthmore College y su doctorado en Historia de la Universidad de Washington en Seattle. También pasó un tiempo estudiando en el Centro Hopkins-Nanjing en Nanjing, en el Centro de Entrenamiento de Mandarín en Taipei, en Harbin y en Beijing. Actualmente se encuentra de licencia de su puesto como profesora asistente en el Departamento de Historia de Virginia Tech (en Blacksburg, Virginia), donde enseña historia de Asia Oriental. La primera monografía de Helen utiliza la disciplina de la economía doméstica como lente para examinar cómo las mujeres chinas educadas interpretaron sus identidades domésticas y profesionales y crearon carreras para satisfacer las necesidades de la nación a lo largo del siglo XX. Sus proyectos actuales incluyen las interacciones profesionales transculturales de economistas domésticos en los Estados Unidos y China, un estudio de la movilización de mujeres nacionalistas para el alivio social durante la Guerra Sino-Japonesa y el papel de la ayuda internacional en China durante e inmediatamente después de la guerra. .

Asistentes de investigación

Dra. Annie Hongping Nie - La Dra. Hongping Annie Nie vino de China e hizo sus estudios de posgrado en los Estados Unidos (MA, Calvin College, Michigan, 1995 PhD, Biola University, California, 2005). Ha sido tutora de Política China para diferentes facultades de la Universidad de Oxford desde 2005. También fue asistente de investigación en el Departamento de Política y Relaciones Internacionales e instructora de idiomas en el Instituto de Estudios Chinos antes de unirse al proyecto. Sus intereses de investigación incluyen el nacionalismo, la educación ciudadana, las relaciones exteriores y la diplomacia en la China contemporánea.

Investigadores afiliados

Dr. Matthew Johnson - Matthew D Johnson (PhD, UC San Diego, Historia) es Profesor Departamental de Historia y Política de la China Moderna, Facultad de Historia. Sus intereses de investigación incluyen la comunicación política internacional, la propaganda, los estudios de la Guerra Fría, la Sociedad de Naciones y la formación del estado moderno. Actualmente está escribiendo un manuscrito de libro titulado Antes del poder blando: creación internacional de imágenes y el Partido Comunista Chino, 1928-1980. Matthew ha publicado críticas y artículos sobre el cine contemporáneo en China, coeditó un número especial de la Revista de cines chinos, y está involucrado en una variedad de proyectos sobre los usos políticos de los medios durante el siglo XX. Es un ex empleado del Centro Weatherhead para Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, el becario Jacob K. Javits del Departamento de Educación de los Estados Unidos, el becario estudiante Fulbright IIE de los Estados Unidos e investigador visitante en el Departamento de Historia de la Universidad de Pekín.

Dr. James Reilly - James Reilly fue investigador asociado en el programa Guerra de China con Japón en 2008-09. Actualmente es profesor de Relaciones Internacionales de Asia Oriental en la Universidad de Sydney. Recibió su doctorado de la Universidad George Washington en agosto de 2008 en Ciencias Políticas. El Dr. Reilly investiga la política exterior china, las relaciones entre China y Japón y las relaciones entre el estado y la sociedad en China. Actualmente está preparando el manuscrito de un libro para su publicación basado en su disertación: El papel de la opinión pública en la política japonesa de China: 1997-2007. La investigación del Dr. Reilly, respaldada por una beca de disertación Fulbright-Hays, explora el papel de la opinión pública en la política exterior de países autoritarios basándose en datos de encuestas de opinión pública chinas, análisis cuantitativo del contenido de publicaciones chinas y extensas entrevistas con chinos y japoneses. académicos, funcionarios, empresarios y activistas.

El Dr. Reilly ha publicado artículos en The Washington Quarterly, China: An International Journal, Asian Survey, Survival y varios capítulos en libros editados. Desde 2001 hasta 2007, estuvo basado en Dalian, China, donde se desempeñó como Representante de Asia Oriental del Comité de Servicio de los Amigos Americanos. Fue becario Fulbright en la Universidad Renmin de China durante el año académico 2007-08. Tiene una maestría en Estudios de Asia Oriental de la Universidad de Washington y una licenciatura en Historia de Guilford College.

Dra. Federica Ferlanti - Federica Ferlanti fue investigadora asociada en el programa Guerra de China con Japón en 2007-09. Actualmente es profesora de Historia china moderna en la Universidad de Cardiff. El campo de investigación de Federica Ferlanti es la Historia de China Moderna y, específicamente, la construcción del Estado y la historia política de China durante las décadas de 1930 y 1940. Federica tiene una licenciatura con honores de la Università di Venezia (DSAO, 1995), M.Phil. de la Universidad de Cambridge (Estudios Orientales, 1996) y doctorado por la Università di Cagliari (DiSPI, 2003). Su tesis doctoral "El Movimiento Nueva Vida y la Política del Guomindang en la Provincia de Jiangxi, 1934-1936" 'explora el desarrollo del Movimiento Nueva Vida, su impacto a largo plazo en las instituciones políticas y administrativas, junto con su contribución a la formación de la ciudadanía. e identidad nacional. Federica ha enseñado Historia China Moderna y Contemporánea en la Università di Venezia de Treviso (2003-2004) y ha recibido la Beca Postdoctoral otorgada por la Fundación Chiang Ching-kuo para el Intercambio Académico Internacional (2004-2006) con un proyecto. titulado "Movimiento Nueva Vida, movilización civil y construcción del Estado durante la Guerra contra Japón, 1937-1945". Su proyecto actual explora el compromiso del gobierno nacionalista con la organización de la resistencia popular durante la guerra contra Japón, la respuesta de la sociedad a la movilización en apoyo de la guerra y el impacto de la guerra en la sociedad china.

Dr. Aaron William Moore - Aaron William Moore (PhD Princeton 2006) es un especialista en historia moderna de Asia Oriental. En 2008-10 fue investigador asociado postdoctoral en el programa Guerra de China con Japón, y en febrero de 2010 asumió un cargo como profesor de historia china en la Universidad de Manchester.

Su investigación, de enfoque transnacional, involucra principalmente el estudio crítico de la subjetividad y la escritura de diarios durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo textos escritos por militares japoneses, chinos y estadounidenses. También está trabajando en la antropología japonesa del siglo XIX, los escritos y el lenguaje de los niños, los diarios de trabajo en la China continental de la década de 1950 y la intersección entre los géneros populares chinos, japoneses y rusos como la ciencia ficción con discursos más amplios sobre gestión social, género, tecnología y el cuerpo. Actualmente, sus publicaciones incluyen "Essential Ingredients of Truth" (Japan Focus, agosto de 2007), "The Chimera of Privacy" (Journal of Asian Studies, febrero de 2009), "Talk about Heroes: Expressions of Self-Mobilization and Despair in Chinese War Diaries , 1911-1938 "(Twentieth Century China, primavera de 2009), así como revisiones y traducciones. El proyecto de manuscrito actual de Moore se titula provisionalmente, "El peligro de la autodisciplina: militares nacionalistas chinos, japoneses y estadounidenses registran el ascenso y la caída del imperio japonés, 1937-1945". Sus idiomas de investigación incluyen chino, japonés y ruso.

En Oxford, exploró los diarios de guerra de los militares estadounidenses, chinos y japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, y centró sus esfuerzos en el período crítico 1939-1945 en China continental. Su trabajo contribuirá a una discusión en curso entre los especialistas del área sobre la naturaleza de la ocupación japonesa, la efectividad de la resistencia china y los éxitos y fracasos de los esfuerzos de movilización de ambos lados. En particular, muestra cómo los militares individuales describieron sus experiencias durante este período, y cómo estas descripciones afectaron sus conceptos de soldado, guerra y el yo.

Para la primavera de 2009, Moore ganó fondos para apoyar dos conferencias en Oxford. El primero se refería al papel de la generación de tiempos de guerra en la construcción de la memoria histórica en Asia Oriental. El segundo examinó las representaciones de humanos y máquinas en la China del siglo XX, Japón, la URSS y la América del Norte asiática.

Dr. Tehyun Ma - Tehyun Ma recibió su licenciatura en la Universidad de Pennsylvania y acaba de completar su doctorado en Historia en la Universidad de Bristol. Su investigación investiga las preocupaciones ideológicas y administrativas de los líderes nacionalistas chinos mientras se esforzaban por movilizar a Taiwán para el conflicto con los comunistas después de 1945. Su proyecto actual explora cómo el gobierno nacionalista planeó la rehabilitación y reconstrucción de los territorios ocupados por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. . Tehyun ha enseñado en la Universidad de Bristol y ha tenido una beca de investigación en el extranjero y una beca de disertación de la Fundación Chiang Ching-Kuo.


China y la guerra n. ° 039 con Japón, 1937-1945: la lucha por la supervivencia

Este libro es la culminación de un ambicioso proyecto de investigación de varios años, del cual yo formé parte, en el que Rana Mitter propuso reexaminar tantos aspectos como fuera posible de la experiencia de China de la altamente destructiva guerra de ocho años con Japón. Otros proyectos de colaboración han intentado esfuerzos integrales en el pasado, como la exitosa conferencia organizada por Ezra Vogel y otros en la Universidad de Harvard, que produjo una bibliografía útil, pero el esfuerzo de Mitter financiado por Leverhulme se ha centrado en incluir una nueva generación de académicos que vean la El régimen nacionalista de una manera diferente (más sobre esto a continuación). Este libro, que ha sido informado por las conversaciones de Mitter con académicos afiliados formal e informalmente al proyecto, es por lo tanto una de las mejores contribuciones a nuestra comprensión actual de la guerra, particularmente a nivel de actores políticos de élite como Chiang Kai-shek, Wang Jingwei y Mao Zedong.

El libro de Mitter fue precedido por tres volúmenes importantes sobre la guerra desde la perspectiva china, comenzando con Lloyd Eastman's Semillas de destrucción (1984), seguido de Hans van de Ven Guerra y nacionalismo en China (2003) y Diana Lary El pueblo chino en guerra (2010). (1) Ha habido otras contribuciones importantes a nuestra comprensión de la guerra, particularmente en los últimos años, pero muchas se han restringido a ciertas áreas de China o temas particulares, como por ejemplo Stephen Mackinnon Wuhan 1938 (obviamente, restringido a Wuhan) y los importantes Frente a Japón (1991, que se centró principalmente en las luchas intrapartidistas de Chiang). (2) El libro de Mitter sintetiza aspectos importantes de estos trabajos, como el énfasis de Mackinnon en la experiencia de los refugiados (véase especialmente el capítulo seis). Coble, quien pidió más trabajo histórico social sobre la guerra, narró hábilmente en Frente a Japón las crisis incesantes que enfrenta Chiang Kai-shek, incluidas las que involucran a rivales de su propio partido, que se reflejan en el tratamiento matizado de Mitter hacia colaboradores japoneses como Wang Jingwei y Zhou Fohai.

El tratamiento histórico del régimen nacionalista anterior a Eastman rara vez usaba materiales primarios en chino, por una variedad de razones (como el acceso limitado a los archivos, incluso en Taiwán), y tendía a caer en el campo de Barbara Tuchman / 'Vinegar Joe' Stilwell de complaining about Nationalist incompetence, on the one hand, or uncritical reproductions of wartime propaganda, on the other. First Eastman entered this field by harshly criticising the GMD (Kuomintang) (beginning with Abortive Revolution in 1974), insisting on the inherently reactionary character of Chiang’s regime. Eastman cited disparaging comments by Tang Enbo and the generalissimo himself, echoing many Chinese Communist Party (CCP) arguments that it was the Nationalists’ corruption and suppression of revolutionary forces that lost them the war, and China. When peasants began taking up crude arms and attacked retreating Nationalist forces (141–2), how could one possibly claim that Chiang’s government was channelling Chinese patriotism against Japanese invasion? Second, scholars such as Hans van de Ven made a major contribution to re-writing this view of the GMD in War and Nationalism, along with other historians working roughly at the same time such as Parks Coble and Frederic Wakeman, Jr. Seeing the Nationalist Party leadership as facing considerable opposition both outside and inside its own ranks, historians like van de Ven urged us to view the GMD’s war against Japan realistically, and noted the party’s successes when guiding a growing, but disparate, national consciousness toward resistance against Japan. Finally, Diana Lary was certainly not the first to point out that the narrative of China’s war with Japan must also be a social history, but her work has been an important culmination of disparate efforts through the years to explore the stories of refugees, women, and ordinary soldiers (as in her early work, Warlord Soldiers). As Lary put it, the Second World War in China ‘was different from traditional patterns of foreign conquest … [it was] a fundamental disturbance to Chinese society that produced profound and permanent change …’ (p. 195). This sentiment is repeated throughout Mitter’s work as well.

In this sense, China’s War with Japan is not a revisionist history (although it might appear so at first glance to those unfamiliar with the field) but a very skilful syncretic project, pulling the best of diplomatic, political, and military history into a highly readable format. This will make Mitter’s book one of the best places to begin for casual or beginning readers of Chinese modern history, with the caveat that their study cannot end here (Mitter provides a good ‘Further reading’ section at the end of the book). Mitter uses some of the most important archives: Chongqing Municipal, Shanghai Municipal, and No. 2 in Nanjing, but future researchers, while needing to touch base with these collections, should not neglect Taiwan, and I believe an emphasis on regional archives in provinces such as Hubei, Yunnan, and Shaanxi will add important information to the Chinese resistance. Of course, the Communist Party archives are likely to also have a story to tell, but I am not holding my breath for access to useful or new (unpublished) materials. Mitter also revisits the Chiang Kai-shek diaries, which have been the subject of some attention in print already (see Jay Taylor’s 2009 Generalissimo and, in the same year, Wang Qisheng in The Journal of Modern Chinese History (3)), but he is able to integrate them into the larger narrative and show us how they change our view of the war he also makes reference to the well-known Zhou Fohai diary throughout, which has been crying out for better inclusion into the historiography (however, see Brian G. Martin’s article in Twentieth Century China, 2008 (4)). Newspapers such as the North China Herald and foreigners’ accounts at the Yale Divinity Library archives help Mitter flesh out the general narrative as well as the complex and mercurial international relations of the wartime period. In this sense, Mitter has responded to scholarly reviews of Parks Coble’s Facing Japan, which asked that the intraparty GMD struggle be combined with the older narrative of China-qua-Allied power, as well as its international relations (see Akira Iriye’s review of Coble in The China Quarterly, 1993 (5) ). Thus, non-specialist readers will be unaware of the mass of scholarship supporting Mitter’s view of the war, including his own original research, and may take exception to his portrayal of the GMD efforts and the decisions made by collaborationists. Especially in the latter case, sceptical readers should review Poshek Fu’s path-breaking Passivity, Resistance, and Collaboration (1993), Mitter’s first book Manchurian Myth (2000), and Timothy Brook’s Collaboration (2005).(6)

One area in which this volume particularly excels is the situation of Chongqing (Chungking) at the heart of the Chinese war experience, and the return to focusing on the period after Pearl Harbor. While Nanjing was the pre-war capital, and we have a lot of recent studies on Shanghai, the Communist effort, Hong Kong, and Japanese-occupied areas such as Dalian, Qingdao, Tianjin, and Manchukuo, Chongqing (the wartime capital) has been a relatively minor concern for historians (there are, of course, important book chapters by Chang Jui-te and Edna Tow on the Chongqing bombing). Mitter rightly reminds us of the importance of Chongqing, which was heavily bombed by the Japanese, but which also became the nexus of an international effort to weaken and eventually destroy the Japanese empire. Here Mitter wisely divides the war effort into two key stages: 1938–41, ‘Resisting alone,’ and (following Pearl Harbor) 1941–5, ‘The poisoned alliance.’ In particular, the period from the fall of Wuhan to Pearl Harbor is poorly understood, and Mitter draws on foreigners’ accounts, Chinese reporters, and post-war published Chinese resource collections, such as Qu da houfang (Shanghai, 2005), to show how civilians weathered the crisis in Sichuan. Mitter and Lary are in agreement: the war was transformative for China’s sense of itself for Mitter, this is especially true when the government had to move to Chongqing, which ‘helped to consolidate ideas of a united China that spanned the whole of the country’s land mass’ (p. 172). In chapters ten to twelve, Mitter shows why he, the author of Manchurian Myth y A Bitter Revolution (2005) (7), is able to tell this tale particularly well combining CCP, collaborationist, and GMD resistance narratives is extraordinarily difficult, but he manages to present the story with unusual clarity. In these chapters, he is also indirectly challenging the approach of Eastman and Tuchman, as well as the more widespread Western memory of the war (shaped by reporters such as Theodore White, intelligence officers such as Graham Peck, and various Western soldiers’ and civilians’ memoirs), by emphasising how the regime survived by wit and willpower almost entirely on its own. These chapters are, to this reader, the most important contribution that the book has made to the way we talk about the Second World War in China.

The ‘poisoned alliance’ between China and the United States is a story we know well by now, but Mitter uses it as an opportunity to complicate the one-dimensional view of GMD corruption being the paramount reason for the regime’s failures after 1941. On pages 260 to 262, Mitter presents America’s man-in-China, Joseph Stilwell, as a rather poorly-informed gambler with other nations’ assets, who simultaneously fed the press statements that bolstered his position at the expense of Chiang’s. Although Stilwell could hardly have claimed to even match Nationalist achievements from 1937 to 1941, he managed to win ‘the war for Washington’s ear’ (p. 342) which, in the age of dependency on Lend-Lease, was almost everything. He follows this with a nuanced view of one of China’s infamous wartime famines in Henan, which was largely a consequence of Chiang’s destruction of the Yellow River dikes. Mitter admits that Chiang’s regime must be blamed for the famine, which was exacerbated by policies that served the wartime state, but he follows this with a fairly hard-hitting comparison with the British armed forces’ cynical decision to withhold relief in wartime Bengal—and South Asia could hardly be said to have suffered encirclement and sustained attack by the Japanese Empire as mainland China was (pp. 273–4). China’s failing economy and long-suffering people created the conditions that necessitated a strong government response (in the name of survival) and this, ironically, was the Nationalists’ undoing. When analysing the ruthless secret service war carried on between the collaborationist government in Nanjing and the GMD in Chongqing, Mitter puts it succinctly: ‘The public saw the agents not as ideological stalwarts, but as weak men given power to exercise for their own benefit’ (p. 297). By 1945, this was arguably true for the regime altogether. With Stilwell failing in his command of Chinese troops and Stalin backing the GMD over the CCP as the only reliable resistance force in East Asia, one wonders just who could have done a better job of holding down the Japanese Imperial Army with limited industry, a currency continually destabilised by the enemy, a multi-lingual force with shifting loyalties, little or no air power, and unreliable access to critical fuels and materials—all in region that had been under the control of warlords until 1936.

Mitter concludes his narrative by bluntly stating that, without the resistance, ‘China would have become a Japanese colony as early as 1938’ (p. 388) instead of becoming a critical part of the Allied war against Japan. Because he has written such a readable and well-informed book, it is hopeful that it will help shift our historical memory of China’s role in the Second World War. There are two important lessons for the casual student of East Asian history to take from this new work: first, the resistance, which saved China from outright colonisation, was primarily a Nationalist endeavour, despite CCP claims to leadership and their ultimate victory in 1949 second, that the effort was the consequence of genuine public support for the war effort in China. On the second point, the discussion becomes quite challenging for scholars today. R. Keith Schoppa’s recent monograph on refugees, In a Sea of Bitterness (2011), argues strongly that, when analysing the diaries of ordinary civilians, nationalism and dedication are almost nowhere to be found. However, in my own work on soldiers’ diaries, Writing War (2013), I have found many instances of Chinese troops earnestly dedicating themselves to the war against Japan, particularly from 1937 to 1939.(8) Although Mitter does cite some personal accounts, it is first and foremost a study of high level political and military actors. Still, these monographs tell slightly different tales of the war experience, suggesting that, even with the remarkable progress we have made in the last two decades in re-evaluating the war in China, we still have a long way to go. Furthermore, China scholars continue to note that it was a terribly fractious place in the 1930s and 1940s, which strong regional governments, dialects, ethnic diversity, and local cultures. Is it sensible to speak of a ‘Chinese’ resistance at all? Mitter shows us that this is where we must begin – with the Nanjing/Chongqing government under Chiang Kai-shek – but that subsequent attention to local experiences may change the story.

Synthesizing years of research by dozens of scholars, including many original findings of his own, Mitter has provided a powerful, readable, and accessible account of the conflict in China, focusing on its leading figures and major turning points, which will help readers navigate this complicated, confusing, and terrible war. What is needed now are more studies of the social history of the conflict, particularly those that might combine various local histories this will help us resolve some of the contradictory images we see from different studies but, in my view, this can only be accomplished through the gruelling task of exploring China’s rich regional archives.


This Amazing Spy Story Is Why China Never Invaded Taiwan

Key point: Beijing really wanted to invade Taiwan but his agents on the inside were compromised.

In the summer of 1949, Chiang Kai-shek and his Republic of China (ROC) government appeared doomed. Shanghai and Nanjing, then China’s capital city, had fallen to Mao Zedong's communist forces, and Chiang's units all over China were collapsing under the weight of mass attack and defections.

Southeastern China's harbors were clogged with ships ferrying ROC government officials, troops and treasure to Taiwan, the final redoubt of “Free China.” Soon, only a long string of offshore islands stretching from Zhoushan in the north down to Hainan in the south would be left under Chiang's control. It was at this pivotal moment in history that the Chinese People’s Liberation Army (PLA) began planning the invasion of Taiwan.

From June 1949 to June 1950, PLA generals under Mao Zedong undertook intensive battle planning and preparations for what was to become the formative strategic challenge facing China’s new communist leadership. An unexpected turn of history kept Mao and his generals from putting their Taiwan invasion plan into action. On June 25, 1950, North Korea invaded South Korea, and U.S. President Harry Truman swiftly decided to save South Korea’s friendly government, while also ordering the U.S. Seventh Fleet to prevent a possible Chinese invasion across the Taiwan Strait.

As a consequence, China's new government aborted the Taiwan invasion, and many of the forces that had been training for the mission were subsequently redeployed to the Sino-Korean border area. In October 1950, “Red” China intervened on the side of North Korea, sending a flood of troops equipped with jungle warfare kits into frigid battles against the United Nations forces led by the United States. This intervention resulted in what was to become two drawn-out and dangerous stalemates which still exist today: one on the Korean Peninsula, the other across the Taiwan Strait.

But why was China’s invasion plan not put into action before the outbreak of the Korean War? How did Taiwan and its ROC government survive? The answer lies in a little known, but deadly, case of espionage.

The Invasion Plan

The Battle of Taiwan was intended to be the final chapter in the Chinese Civil War, a conflict that had ravaged China from 1927 to 1949, interrupted by the Japanese invasion and occupation of Manchuria and Eastern China during the Second World War. Mao and his communist forces were essentially on the defensive throughout the first two decades of their insurgency. They lurched from one battlefield defeat to the next, husbanding their strength and avoiding any decisive losses. The scene suddenly changed in early 1949, when they took the upper hand against the ROC Army, winning a series of crushing campaigns across northern and central China.

In March 1949, Mao ordered his generals to add Taiwan to the list of strategic objectives to be captured. Previously, the strategy for 1949 had been to seek the “liberation” of nine provinces in China. After the dramatic series of battlefield victories, the list of provinces to seize by the end of the year was expanded to seventeen, including Taiwan.

Events developed rapidly. Within just a few months of the strategy shift, PLA troops had captured Nanjing and Shanghai and were marching down the eastern seaboard of China on their way to Fujian Province, across from Taiwan. At this moment, Mao contacted the star commander of 3rd Field Army, General Su Yu, and his chief of staff, General Zhang Zhen. On June 14, 1949, he directed them via telegram to find out whether Taiwan could be taken in a short timeframe and told them to plan a large-scale military operation to capture the island.

In his message, Mao alluded to the possibility of using covert actions to get Nationalist forces to defect at the key moment―something his undercover intelligence officers in Taiwan were already preparing. Indeed, the PLA needed more than ships, planes and troops to conquer Taiwan. For the invasion plan to work, the army needed a large network of secret agents buried in Taiwan’s society, whose cardinal mission was to recruit ROC military commanders, convincing them to defect (preferably with their entire units intact) to support communist operations when the amphibious landings began.

Beyond enticing Nationalists officers to betray their cause, secret agents were also needed for fomenting social unrest, organizing riots, and engaging in acts of sabotage all across the island. The effort dated back to April 1946, when the top secret “Taiwan Works Committee” was established in China. Over time, this covert action group developed an extensive web of undercover operatives, who were spun across Taiwan and poised to strike at the key moment.

The Spymaster

At the dark heart of Mao's covert operations was Cai Xiaogan, the spymaster who served as the PLA's station chief in Taipei. Born in 1908, Cai was a Taiwanese native who had grown up under Japanese colonial rule. In the 1920s, he left Taiwan as a teenager to attend school in Shanghai. On campus, far from home, Cai was apparently lonely and confused, making him easy prey for communist recruiting efforts. After a period of cultivation, Cai joined Mao's insurgency against the ROC government.

Cai’s intellectual potential was readily apparent, and like all the best and the brightest he was assigned to the Red Army's political department. He excelled at writing and was given a coveted position as a propaganda officer. Eventually he became the only Taiwanese native to survive the Long March.

During the Second Sino-Japanese War (World War II), Cai became an expert in interrogating and reprogramming Japanese prisoners and translating and analyzing their documents. Born a Taiwanese subject of Imperial Japan, he was a fluent speaker of Japanese. Over time, Cai’s spy skills became so renowned that he was asked to write teaching materials to guide other intelligence officers who would follow in his footsteps.

In early 1946, just months after the Empire of Japan surrendered to the Allies, Cai arrived in Shanghai and began preparing for his next mission. He had been hand-picked to lead a group of secret operatives against Nationalist forces in Taiwan. In July 1946, he adopted a new identity and infiltrated back into his native island. It took him and his team little time to blend in and establish themselves. Reports indicate that they developed and recruited nearly seventy local agents within their first six months, and by 1948 they controlled an estimated 285 agents.

In 1949, Nationalists forces began a mass exodus to Taiwan, and Cai's spy network surged in the depressing tumult. In December 1949, undercover operatives under his control reportedly numbered up to 1,300 agents. Additionally, Cai estimated that up to 50,000 civilian assets, almost all of them unwitting, could be mobilized for factory strikes, protest marches, and campus riots. He told his Third Field Army superiors that his covert forces would be ready to play their part in eroding support for Chiang’s regime just before the landings started. He recommended that the invasion be launched in April 1950, when the weather would be most favorable for amphibious operations.

In late 1949, Cai had good reason to be optimistic. He had a prize agent, a two-star ROC general, Wu Shi, who had retreated to Taipei from Nanjing. General Wu had been assigned to the Ministry of National Defense (MND) General Staff Department, a position which gave him access to war plans and other highly sensitive strategic information. Wu met repeatedly with Cai, handing over top secret documents, including military maps showing the locations of landing beaches, troop dispositions and military bases on Taiwan. Wu also purloined documents on troop deployments and artillery emplacements on the Kinmen and Zhoushan islands. These documents were subsequently smuggled into mainland China through a trusted female officer named Zhu Fengzhi. Great damage had been done to the defense of Taiwan.

Unbeknownst to Cai or Wu, a net was slowly closing around them both. In the fall of 1949, Chiang Kai-shek began to consolidate his retreating forces on Taiwan. Having experienced a fatal hemorrhaging of intelligence and the defection of key military units in mainland China, he was determined to eradicate undercover spies who had infested Taiwan. It was a race against time. Chiang needed to clean up his ranks before communist agents could lure away his displaced and demoralized officers. Recognizing the perils facing him, he made counterintelligence and counterespionage operations his emergency government's top priority, placing the MND Counterintelligence Bureau in charge of the dragnet.

The first breakthrough for Chiang's spy catchers came in September 1949, when they uncovered a spy ring and underground printing press in the port city of Keelung. As a consequence, they were subsequently able to track down the official in charge of PLA underground intelligence work in southern Taiwan. They arrested him in Kaohsiung that November. Cai’s long-cultivated spy network then quickly came unglued, as one communist agent after the next was apprehended and compromised.

By January 1950, Taiwan's men in black had closed in on Cai himself. Counterintelligence officers discovered his home address in Taipei and quickly moved to arrest him. When it occurred, the arrest came as a surprise to Cai, but did little to knock the wind out of his sails. Cai, himself a seasoned interrogator, knew exactly what to do in jail to turn the tables on his captors. It didn’t take long. After a brief period of interrogation, Cai convinced MND officers that he had defected and would help them. They allowed him to visit a certain phone booth in downtown Taipei, where he promised to take a call luring in his commanding officer. Despite being escorted through the streets by a large contingent of plainclothes officers, Cai was able to make a successful escape and vanish into the city nightlife.


Finally Some Aid for China

Jiang Jieshi (Chiagn Kai Sek) requested aid from the Soviet Union leader, Joseph Stalin, to resist the advancing Japanese army in Chinese territory. Stalin provided Jieshi with some assistance.

In 1938, Jiang ordered his troops to blow the banks of the Yellow River dams. That was the only way to overpower the Japanese army. This strategy worked Jiang’s favor. However, it caused a flood followed by disastrous famine that killed nearly 500,000 to 1,000,000 Chinese civilians.


1 Answer 1

There were certainly some high ranking officers and other officials who escaped punishment:


Perhaps the most notorious was Gen. Ishii of Unit 731, who escaped
postwar prosecution in exchange, apparently, for supplying the U.S.
government with details of his gruesome human experiments. Otro
suspected Japanese war criminals who were never indicted include three
postwar prime ministers: Hatoyama Ichirō (1954�), Ikeda Hayato
(1960�), and Kishi Nobusuke (1957). A convicted Class A war criminal, Shigemitsu Mamoru, a senior diplomat and
foreign minister during the war years, regained the foreign minister portfolio in 1954.


Among others who escaped being charged were Lt. Gen. Kawabe Torashirō, Deputy Chief of Staff of the Imperial Japanese Army General Staff, and


. the notorious Col. Tsuji Masanobu. the instigator behind the
Bataan Death March.


Inevitably, some escaped justice. Prosecutors were hampered


. because of the empire-wide document destruction that the Imperial
Japanese Government had orchestrated prior to effecting
demobilisation.



directive (dated 20 August 1945) from Tokyo to respective Japanese
Armies in Korea, Taiwan, Manchuria, China, Hong Kong, Thailand,
Borneo, Malaya, and Java, the following instructions were given:

"Personnel who mistreated prisoners of war and internees or who are
held in extremely bad sentiment by them are permitted to take care of
it by immediately transferring or by fleeing without trace."


Australian officials in 1948 claimed that there was "extensive evidence" of not just of destroying records but also fabricated evidence and instructions to subordinates to lie.

Not surprisingly, many suspects fled.


In Southeast Asia and China, some suspects joined the local
nationalist or communist movements, though not all who did were
suspected of war crimes. Some of those who were arrested managed to
escape from custody others committed suicide while in Allied hands.


Nonetheless, the Allied powers pursued war criminals not just through the Tokyo Trials. However, details of, for example, Soviet prosecutions, may never to be clarified given Cold War propaganda following the war.


Allied nations also held war crimes trials throughout Asia and the
Pacific. Americans, British, Australians, Dutch, French, Filipinos,
and Chinese held trials at forty-nine locations between October 1945
and April 1956. The British prosecuted numerous Japanese for war
crimes in Southeast Asia, including those involved in the construction
of the ThaiBurma railway of death, immortalized as the Bridge over the
River Kwai. Australian prosecutors worked in conjunction with British
and American courts to bring Japanese to justice and tried large
numbers of Japanese at Amboina, Dutch East Indies, and at Rabaul, New
Britain. China tried at least 800 defendants, including some involved
in the Nanjing massacre. France and the Netherlands tried several
hundred more. The French brought to justice a Japanese civilian on
Java who forced dozens of women into prostitution for the military
authorities, and the Dutch condemned Japanese to death for the murder
of indigenous people and Dutch prisoners. In late 1949 at
Khabarovsk, the Soviet Union also put twelve Japanese on trial for
biological warfare crimes—six were members of Unit 731, two of Unit
100, an independent biological warfare entity, and four from
elsewhere—and later transferred several hundred Japanese ex-servicemen
suspected of war crimes to the People’s Republic of China, where
Chinese authorities judged them in the mid-1950s. Of 5,379 Japanese,
173 Taiwanese, and 148 Koreans tried as class B and C war criminals
for conventional crimes, violations of the laws of war, rape, murder,
maltreatment of prisoners of war, about 4,300 were convicted, almost
1,000 sentenced to death, and hundreds given life imprisonment.



The Ecology of War in China

Este libro ha sido citado por las siguientes publicaciones. Esta lista se genera en base a los datos proporcionados por CrossRef.
  • Editorial: Cambridge University Press
  • Online publication date: December 2014
  • Print publication year: 2014
  • Online ISBN: 9781107785274
  • DOI: https://doi.org/10.1017/CBO9781107785274
  • Series: Studies in Environment and History
  • Subjects: East Asian History, Area Studies, Asian Studies, Military History, History, Regional History after 1500

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Descripción del libro

This book explores the interplay between war and environment in Henan Province, a hotly contested frontline territory that endured massive environmental destruction and human disruption during the conflict between China and Japan during World War II. In a desperate attempt to block Japan's military advance, Chinese Nationalist armies under Chiang Kai-shek broke the Yellow River's dikes in Henan in June 1938, resulting in devastating floods that persisted until after the war's end. Greater catastrophe struck Henan in 1942–3, when famine took some two million lives and displaced millions more. Focusing on these war-induced disasters and their aftermath, this book conceptualizes the ecology of war in terms of energy flows through and between militaries, societies, and environments. Ultimately, Micah Muscolino argues that efforts to procure and exploit nature's energy in various forms shaped the choices of generals, the fates of communities, and the trajectory of environmental change in North China.

Reseñas

'This is a riveting study of one of modern history’s worst war-induced disasters. In 1938 the Yellow River was turned into a weapon of strategic defense, its waters let loose on the North China plain by Chinese forces resisting the Japanese invasion. This consummate work shows the evolution of the disaster and lays out its ghastly human and ecological effects. It is a pioneering combination of environmental history and Chinese history.'

Diana Lary - University of British Columbia

'In this brilliantly conceptualized work Muscolino draws on the memories of the displaced as well as the records of the river to tell an environmental history of the Yellow River, granting the latter its full agency in the shaping of modern Chinese history.'

Wen-hsin Yeh - Richard H. and Laurie C. Morrison Chair Professor in History, University of California, Berkeley

'Conceptualizing the relationship between armies and environment in terms of energy flows, Micah Muscolino provides us with a startlingly new and rich way to think about the relationship between war and environment.'

Hans van de Ven - Director in Oriental Studies, St Catharine’s College, University of Cambridge

'The Ecology of War in China is an ambitious book that delivers an intense vision of the tremendous hardships faced by the people and environment of the central Chinese province of Henan throughout a dozen years of Anti-Japanese Resistance, widespread famine, civil war, and, finally, recovery … Muscolino does a masterful job of demonstrating the pivotal role that the Yellow River and the larger environment played in Chinese history.'

Norman Smith Source: The Journal of Interdisciplinary History

'Micah Muscolino already has a strong reputation as a pioneering scholar in the field of China’s Republican-era environmental history. His new book makes another major contribution to that field. … The Ecology of War in China is a valuable addition to the literature on the environmental destructiveness of warfare. It must count as one of the most rigorously researched, analytically sophisticated, and strongest studies we have of the causes and consequences of an environmental disaster in twentieth-century China. It deserves to be widely read.'

Pauline Keating Source: The China Journal

'… in an age in which human decisions - often based on the short-term pursuit of power - may shape even the broadest long-standing background conditions of human societies, Muscolino's account of unintended consequences, incomplete reversibility, and destabilized environments is also a story of more than just historical interest.'

Kenneth Pomeranz Source: Cross-Currents: East Asian History and Culture Review

'This is a work of painstaking local history, illustrated with numerous detailed maps of the shifting Yellow River flood, and gripping photographs from the time. Archival sources and local observers provide telling details and useful statistics. … Muscolino is an environmental historian, a path-breaker in this discipline in the China field. He forces old-fashioned historians like me to think in new ways, which is certainly both necessary and useful.'

Joseph Esherick Source: Journal of Chinese History

'The Yellow River, China’s second-longest waterway and Asia’s third-longest, is not exactly a typical veteran of the Second World War (or, if you are Chinese, of the 'War of Resistance against Japan'). As Micah S. Muscolino ably demonstrates, the Yellow River nevertheless did literally play a central role as 'an actor' in the second Sino-Japanese War (1937–1945). In its attention to postwar policies and legacies, the book begins to fill a gap in the growing literature on 'war and the environment' by looking beyond the immediate effects of military operations. Overall, The Ecology of War in China is a powerful demonstration of the synergy between people and nature that both destroys and restores.'

David Bello Source: The American Historical Review

'The Ecology of War in China is a superbly researched and tightly argued text on the environmental consequences of the Pacific War in China. … the focus on the first elements of the metabolic cycle, the consumption of energy, in all its myriad forms and consequences, is a very useful construct to disentangle the mutually supporting and complex impacts that militaries and military action had on the physical and social landscape in the lower Yellow River valley.'

David Pietz Source: Environmental History

'Muscolino describes vividly the effects of this state-induced inundation, which sacrificed the livelihoods of millions of farmers in the interests of state security and once again failed to stop the foreign invader. He describes the aftermath of the river flood, during the time when the river continued to shift course, refugees covered the landscape, and military operations continued. Muscolino also vividly narrates the experience of refugees, laborers, and farmers, and he describes the survival strategies they used to withstand the blows of armies, sand, and water. Such extensive militarization of water, land, and human labor laid the ominous foundations for the mass mobilizations of the PRC during the 1950s and 1960s.'

Peter Perdue Source: Harvard Journal of Asiatic Studies

'This is a rich empirical study of a complex subject matter. It is essential for understanding the environmental impact of the Second Sino-Japanese War and the civil war on North China.'


Traveling with a Priceless Library

As Zhejiang University in Hangzhou planned for evacuation, Chen Xunci, Head Librarian of Zhejiang Library, asked the university to take the valuable collection from the Wenlan Ge with them. The school chancellor agreed, even though it added another 230 boxes to their cargo.

Chen promised to get funding for the library&rsquos transportation, but couldn&rsquot persuade the education ministry to give him any, even as a loan. He borrowed from family and friends, and before the war ended, had sold his own property to ensure the Siku Quanshu&rsquos safety.

Thus began the library&rsquos journey. The university&rsquos route diverged at times from that of the books, which they tried to move by boat or truck whenever possible otherwise, they would pack the boxes into carts and wheelbarrows, and pay local laborers to move the books. At times the students carried some of the books in their backpacks. In one near-disaster, a container of books overturned while crossing a stream. The box was taken to the nearest town, where the books were spread out to dry in the wide courtyard of the local City God&rsquos temple.

All the &ldquoschools in exile&rdquo faced danger and hardships. There was the endless trudging each day, under threat of aerial attacks. They were always tired, cold and hungry. They slept in temples when no other lodgings were available. Professors did what they could to continue classes if they stopped to rest for more than a few days. Cut off from their families, students had to make do with a small government stipend. My father recalls times when, rather than spend his money on fuel, he would take a tin can and poke around abandoned cooking fires to find remnants of coal.

Yet despite it all, they were generally cheerful, he said, because everyone was suffering the same hardships. They were touchingly optimistic, trusting their professors to bring them safely through a war zone.

And they were young. Memoirs by Zhejiang University students include accounts of unrequited love (young men outnumbered the women five to one), with many women complaining about the truly terrible love poems they received from admirers. When they were able to stay in one place for weeks or months, the students enjoyed outings and sports. In rural areas, women in short skirts and bathing costumes had never been seen and the female students caused a scandal.

It wasn&rsquot until the New Year of 1940, after 1,400 miles on the road and 28 months of makeshift classrooms and dormitories, that the 800 members of Zhejiang University arrived at their final wartime campus in Zunyi, a small town in Guizhou province.

Yet with aerial attacks now moving deeper into China, the Siku Quanshu was still not safe. Guizhou is famed for its spectacular karst caves and the chancellor moved the books to a cave outside Zunyi. Two university servants stayed behind to guard and care for the books. The volumes survived the war in surprisingly good condition and were sent back to Zhejiang Library.

The story of the Siku Quanshu Wenlan Ge is inseparable from the story of people who risked all to protect a cultural legacy, from the librarian who sold off his house to the students who would not abandon the heavy boxes that slowed their travel.

As a final note, in 1994 a professor from Zhejiang University was in Kyoto looking through Japanese war records when he found a note dated after the fall of Hangzhou. It stated that &ldquoon February 22, 1938 the Occupied Area Literature Procurement Committee sent nine agents from Shanghai to Hangzhou to search for books from the Wenlan Ge.&rdquo

If the books had not been moved, the fate their keepers feared could have easily come to pass. But by the time Japanese agents reached Hangzhou, the Siku Quanshu was already on its long march to safety.

Janie Chang is the author of the novel The Library of Legends, available now from William Morrow. The Library of Legends draws from family history and is set during the evacuation of Chinese universities at the start of the Second Sino-Japanese War.


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